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04 noviembre 2005

ZP cría cuervos

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Los graves disturbios franceses no han sido una sorpresa para nadie y tampoco lo serán aquí cuando pase algo parecido.

La ola de disturbios comenzó hace ocho noches en Clichy-sous-Bois, tras la muerte por electrocución de dos adolescentes procedentes de la inmigración que, creyendo erróneamente que eran perseguidos por la policía, se refugiaron en un transformador eléctrico.

Unas horas antes, en otro barrio periférico de París y a plena luz de día, un experto de una empresa de alumbrado fue apaleado hasta la muerte, ante los ojos de su esposa y su hija, por unos jóvenes cuando fotografiaba unas farolas.

Según la DGPN, ya se han incendiado más de 6.000 coches y 23 autobuses, han habido bomberos heridos por cócteles molotov y se ha tiroteado a policía y bomberos.

El ministro de Interior francés Sarkozy tiene fama de contundente y basa su estrategia en la idea de la "tolerancia cero" contra todo tipo de delincuencia y emplea un estilo enérgico y activo para llevarla a la práctica. La manera de Sarkozy de afrontar el problema le ha valido no sólo las críticas de la oposición, sino alguna dentro de su bloque político, como la del ministro delegado para la Igualdad de Oportunidades, Azouz Begag, quien ayer, en varias entrevistas de prensa, ha lamentado que no haya habido una estrategia para "apaciguar" los ánimos.

Azouz Begag, descendiente de emigrantes musulmanes criado en la periferia de Lyon –en Francia ya hay numerosos políticos musulmanes que llegado el momento "barrerán para casa"– criticó que algún dirigente político "se deje llevar por la semántica guerrera", en alusión al titular de Interior, quien hace días empleó términos como "granujas" y "gentuza" para referirse a jóvenes conflictivos.

Añade Azouz Begag que las duras acciones policiales no son el remedio, sino luchar contra la discriminación que, como una plaga, ataca las vidas de muchos en los empobrecidos suburbios parisinos.

Así que desde dentro del Gobierno francés, el ministro musulmán distorsiona la realidad demagógicamente y evita decir que el Gobierno francés y la policía no hacen más que lo que deben y todos esperan de ellos, que no es otra cosa que proteger a la ciudadanía de la guerrilla callejera y acabar con los disturbios que se ceban en quienes no son más que víctimas inocentes de unos y de otros.

Los musulmanes franceses reclaman trabajo y vivienda pero lo hacen por la fuerza y atentando contra la convivencia y tolerancia que tanto reclaman. De extenderse las pautas, que parecen organizadas y coordinadas, la violencia callejera puede extenderse rápidamente por todos los países que acogen inmigrantes sin futuro y nosotros no nos libraríamos porque venimos elaborando un caldo de cultivo ideal para ello al no poner límites a una inmigración que llega a la aventura y con escasas posibilidades reales de encontrar casa y trabajo pero que a pesar de ello se quedan.

Los países europeos ya empiezan a admitir su fracaso para crear una sociedad multiétnica. Las comunidades musulmanas, a pesar de llevar en Europa cuatro generaciones, todavía tienen dificultades para integrarse y siguen a caballo entre las dos culturas. Además, la mayoría de los varones regresan a su país para elegir esposa –ya que se da el caso de que no quieren esposas educadas en nuestro ambiente– y éstas llegan a Europa desconociendo el idioma y la cultura europea, por lo que se renuevan las costumbres musulmanas y las distancias entre ambas culturas.

La visión de los gobernantes en relación con la inmigración ha ido evolucionando con los años.
En los años setenta, el inmigrante era un trabajador temporero que se marcharía pronto. En los ochenta se decidió proteger su lengua e identidad para animarles a la integración. En los noventa ya existían críticas y descontento hacia los inmigrantes. En la actualidad, en algunos países europeos como Holanda, se han impuesto obligaciones como la obligatoriedad de aprender el idioma del país y los cursos de civismo. De no cumplirse estos requisitos, que incluyen a los imanes, pueden imponerse sanciones o negarse el permiso de residencia, aunque ello no basta para la integración.

En España vamos con diez años de retraso respecto de Europa, es decir, estamos en los noventa, los de la crítica y el descontento. Por eso convendría ponernos al día urgentemente a la vista de las experiencias holandesas, francesas y alemanas que confirman lo que ya habían observado las ONGs de diversos países que decían haber sido capaces de integrar a todos los inmigrantes excepto a los musulmanes.

ZP, con su irresponsable política de papeles para todos ha creado las condiciones para que lleguen a España miles de inmigrantes que no tienen cabida en nuestro mercado laboral y que han sido condenados de antemano por nuestro visionario líder socialista a una vida de marginación, pobreza, delincuencia y descontento.

ZP está alimentando el polvorín que aquí, tarde o temprano y más temprano que tarde, explotará sin que la experiencia francesa de estos días y la europea de unos años haya servido para algo.

Sería imperdonable esperar a quemar las mismas etapas que ellos para terminar tomando idénticas medidas con diez años de retraso. Pero cuando esto suceda, ZP ni estará en el Gobierno ni en uno de los barrios arrasados. Estará en una zona residencial, con protección pagada en parte con el dinero de los afectados y leyendo en los periódicos estos sucesos como algo lejano.

Y lo más detestable es que ZP no se sentirá responsable de ello.

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